sábado, 22 de noviembre de 2008

En tiempos fui periodista

CORTA ENTREVISTA A UNO DE MIS HEMATÍES


Esta tarde, mientras preparaba la comida, me he cortado un poco el dedo índice de la mano izquierda. Eso me ha permitido hablar con uno de los miles de glóbulos rojos que han salido de mi cuerpo. Para ello he tenido que ir a un laboratorio de análisis clínicos. Allí, el analista ha cogido una gota de mi sangre y la ha colocado en un cristal rectangular que ha llamado "portaobjetos". Luego lo ha cubierto con otro cristalito, cuadrado, más delgado y pequeño, que ha llamado "cubreobjetos", y lo ha colocado todo en un microscopio, ya que los glóbulos son tan pequeños que no se ven a simple vista.


Escogí el primero que vi, lo coloqué en el centro y comencé a hablar con él. Como todos, era redondo y un poco achatado por el centro. Aunque había vivido en mí desde que nació, no quise tutearle. Quise tratarlo con respeto, y más aún sabiendo que estaba pronta su muerte...

- ¿Sabe usted, señor Glóbulo, por qué lleva el apellido "Rojo"?


- Sí. Es porque tenemos una sustancia, que se llama hemoglobina, gracias a la cual podemos transportar oxígeno. Ahora sé que tenemos color rojo de forma fehaciente. Al salir a la luz he comprobado la diferencia con los glóbulos blancos y con las plaquetas. Circulando por las arterias, arteriolas, venas y vénulas no nos vemos el color. Como no hay luz... Algunos de mis hermanos sí me habían dicho ya que somos rojos. Ellos lo sabían porque habían pasado por alguna vénula de sus ojos, pero muchos de nosotros no lo creíamos. Entre las células hay mucha incredulidad, ¿sabe?. Decimos mucho eso de "si no lo veo, no lo creo".


- ¿Es que no todos los glóbulos pasan por todo el cuerpo?


- Generalmente sí, vivimos alrededor de ciento veinte días. A esa edad ya somos viejos y morimos. Yo sólo tengo cinco días, no me ha dado tiempo a conocer su cuerpo entero.


- Me ha hablado usted de las células. ¿Qué son?



- La célula es la unidad viva básica de su cuerpo. Yo soy una célula, pero mi nombre es Glóbulo Rojo o Hematíe. Las células somos muy diferentes unas de otras, aunque, esencialmente, somos similares. Todas necesitamos nutrirnos para vivir, respirar oxígeno y expulsar productos de desecho fuera de nosotras. Pero las células que circulamos por la sangre somos muy distintas de las de los músculos, de las del riñón, de las de los huesos... Y, entre las que circulamos por la sangre, tenemos nuestras diferencias... Pero es más lo que nos une que lo que nos separa."


- ¿Sí? ¿Cuáles son las diferencias?


- Lo más importante es la diferente función que tenemos cada una de nosotras: los hematíes llevamos oxígeno a las demás células; los glóbulos blancos o leucocitos nos defienden, las plaquetas taponan las heridas, las células del hígado nos preparan los alimentos...


- ¿Y qué es lo que les une?


- Tenemos muchas cosas en común: la nutrición, la respiración... Eso nos une. También nos une el hecho de servirnos unas a otras, todas estamos para todas.


- Me dice que todas las células necesitan alimentarse para vivir. ¿Cómo lo hacen?


- Por medio de la membrana celular, que es el límite de cada célula. Nuestra membrana se invagina, atrapa el alimento y forma una vacuola que digieren nuestros lisosomas. Los productos de desecho los expulsamos fuera a través de la membrana, igual que antes, pero al revés.


- Es curioso. Mi cuerpo hace algo parecido: traga por la boca, digiere en el estómago y en el intestino y expulsa las heces por el ano... Y también necesitan ustedes oxígeno. ¿Por qué?


- Lo necesitamos para obtener energía. Al destruirse los alimentos obtenemos calor para vivir. Pero, para destruirlos, necesitamos oxígeno.


- Otra coincidencia... También nosotros necesitamos oxígeno para obtener energía al quemar los alimentos que comemos. Es igual que da calor un trozo de leña que se quema en el fuego...¡Si está resultando ser usted un ser humano en chiquitín.!


- Ya le he dicho que las células somos la unidad básica de su cuerpo.


-¿Sabe, señor Glóbulo, que le estoy cogiendo cariño?


-Yo también la aprecio mucho a usted. En mis cinco días de existencia sólo he pensado en ayudar a mis hermanas, en servirles bien, llevarles el oxígeno que necesitan... todo para que ellas vivieran a gusto... Pero el fin último era usted. Sabíamos que pertenecíamos a un ser superior, alrededor del cual todas las células, todos los fluidos corporales y todos los nutrientes girábamos. Ahora ya la conozco a usted. Ya puedo morir en paz.


- ¿Sabe usted que eso de servirse unos a otros se llama amor?


-¡Claro! Las células nos pasamos la vida amándonos y, créame, somos muy felices. Nos ayudamos unas a otras, nos complementamos, nos acariciamos y nos besamos al saludarnos... Sí, tenemos una gran unión entre nosotras a pesar de nuestra individualidad.

-Hablando de amor, mire: entre los seres humanos hay sexos, hombres y mujeres que se unen por amor. Así nos reproducimos. ¿Hay entre las células algo parecido?


-La gran mayoría de las células nos dividimos por bipartición, nos partimos en dos y damos lugar a dos células. Es, por tanto, una reproducción asexual. Pero sí, sí que hay células sexuales. Usted tiene óvulos. Los vi una vez. Están siempre llorando porque quieren salir del ovario para unirse con su amor. El ovario sólo los deja salir de uno en uno. Al principio de mi vida no comprendía esa forma de ser... Ahora sí que lo veo más claro. Es igual que si a mí me faltara la hemoglobina. No tendría sentido mi vida. Parece que estoy alcanzando más sabiduría al acercarse la hora de mi muerte. Me lo habían dicho ya y, sí, es cierto.


- ¿Tiene miedo a la muerte?


- No. No nos importa morir. Sabemos que la médula ósea producirá nuevos hematíes, más jóvenes y con mayor capacidad de trabajo. Tenemos que morir para que otros vivan. De todas formas, sí que siento un poco de intranquilidad por desconocer qué va a pasar después. No me gustaría terminar en el interior de una bacteria... Bueno, ¡qué tontería!. ¡Si yo no me voy a enterar!.


- Yo le puedo tranquilizar en eso. El analista me ha dicho que, cuando termine, puedo llevarme la "preparación", o sea, a usted y a los miles de compañeros que lo rodean, a mi casa. Así que le hago saber que, durante toda mi vida, usted me acompañará.

-¡Oh!. Gracias...

- Señor Glóbulo...¡Señor Glóbulo!


Un temblor recorrió todo mi cuerpo. Mi hematíe, mi glóbulo rojo, mi globulito, había muerto. Allí se quedó, en el centro del microscopio, quieto, quieto... igual que nos quedamos las personass cuando morimos. Luego me informaron de que la luz del microscopio los seca pronto. Pero eso ya no importaba. Lo que importaba era mi globulito. Así que cogí el "porta" (así lo llamó el analista después, por abreviar, supongo, y así me gusta casi más, porque lo de portaobjetos no me parecía adecuado para mi globulito), lo metí en una cajita de plástico transparente que me dieron y así lo tengo aquí. Llevo mirándolo todo el día, recordando lo que hemos hablado. Aún no lo creo. ¡Un hematíe me ha hablado de la vida, de la muerte, del amor y de Dios!

2 comentarios:

Come L acqua al cioccolato dijo...

¡Nena...tú vales mucho!
Menuda metáfora entre los hematíes y las lecciones básicas de la vida y de la muerte.
Lo que más me ha gustado es el símil sobre los óvulos, eso de que "lloran porque quieren salir del ovario para unirse con su amor", entonces los míos no lloran, berrean mensualmente. Bonita forma de explicarlo. Claro que yo los animo con una dosis prudente de paracetamol y un reclamo de mimos extras.
Muchos besos para tí y para tu globulito. Muac.

Nusa dijo...

Querida Come L acqua:
Eso de que tus óvulos berreen... no sé.
Entre las técnicas de modificación de conductas está el ignorar la conducta problema, como esa del berreo.
Lo del paracetamol para que el ovario ignore las pataletas ovulares está muy bien. Pero mimarlos mientras tienen esas rabietas... Tú sabrás lo que haces jejeje
Me alegro de que te haya gustado esta conversación, gracias por tus palabras.
Muchos besos de parte de todos mis globulitos vivos (el de la conver lleva años muerto, pero creo que te los daría igual.
¡Besos restallaos. amiga!